Si hay algo que Elon Musk nos ha dejado como legado, es que aunque la realidad se vea extraña, siempre hay margen para que sea aún más rara. En una reciente y, cómo no, filtrada reunión con los empleados de xAI y SpaceX, el magnate ha desvelado su nuevo plan maestro: construir una fábrica de satélites de inteligencia artificial en la Luna.
Porque, al parecer, gestionar la red social más caótica del mundo y desmantelar el gobierno estadounidense con su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) no le dejaba la agenda lo suficientemente llena. La nueva visión implica manufactura lunar y una catapulta gigante, un giro de guion que haría suspirar a cualquier villano de Bond, o quizás a alguien que busca desesperadamente un lugar donde las notificaciones judiciales sean un poco más difíciles de hacer llegar.
El plan técnico es, admitámoslo, fascinante en su absurdo. La idea no es solo ensamblar hardware en nuestro satélite natural, sino lanzarlo de vuelta al espacio usando un “mass driver”, una catapulta electromagnética kilométrica. Musk argumenta que la baja gravedad y la ausencia de atmósfera hacen de la Luna el lugar ideal para disparar cosas al vacío sin gastar combustible.
Es la clase de “eficiencia” extrema que tanto le gusta pregonar últimamente, esa misma que aplicó con machete en mano a través del DOGE en Washington. Quizás su sueño húmedo sea una fábrica lunar totalmente automatizada donde no haya funcionarios federales que despedir ni leyes laborales que esquivar; solo robots, silencio y productividad brutal.
Lo curioso es cómo este anuncio cambia el tablero de juego de sus promesas. El mantra de “Marte es la prioridad” ha sido sustituido discretamente por una “ciudad de crecimiento automático” en la Luna para la próxima década. Al parecer, esperar 26 meses para una ventana de lanzamiento a Marte es demasiado lento para quien necesita resultados inmediatos antes de la inminente salida a bolsa de la fusión xAI-SpaceX.
O tal vez la Tierra se ha vuelto un lugar un poco incómodo últimamente para él. Con la reciente desclasificación de nuevos documentos del caso Epstein a principios de año y el escrutinio público sobre viejos correos y agendas de vuelo, poner 384.400 kilómetros de distancia suena a una estrategia de relaciones públicas bastante sólida. En medio deel Mar de la Tranquilidad, nadie puede preguntarte por qué tu nombre aparecía en ciertas listas de invitados de 2012. Y esta vez no tendrá que escribir correos insistentes para que lo dejen entrar.
Dejando de lado las teorías conspirativas, la realidad es que Musk está apostando el futuro de sus empresas a esta infraestructura orbital, diseñando cómo controlar el flujo de datos de inteligencia artificial desde un cráter. Si todo sale según su nuevo calendario, en diez años tendremos una base lunar operativa lanzando satélites con una honda gigante.
Es el refugio perfecto y digno de un supervillano: lejos de la regulación terrestre, lejos de los sindicatos y, sobre todo, lejos de cualquier fiscal curioso que quiera revisar alguna cosa. Bienvenidos a la nueva era espacial, donde la innovación tecnológica y la evasión de la realidad van de la mano… o sea, business as usual.