EEUU y China no comprometen control al uso de IA en guerra

La inteligencia artificial en defensa plantea dilemas éticos urgentes, mientras las potencias rehúsan comprometerse con normas comunes.
Imagen generada con IA

Estados Unidos y China han decidido no sumarse a la declaración internacional sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito militar, un hecho que marca un punto crítico en la discusión global sobre cómo regular esta tecnología.

Según Reuters, la decisión se tomó durante la cumbre REAIM en España, donde varios países firmaron un compromiso para establecer principios de gobernanza en la aplicación de la IA en la defensa. Sin embargo, la ausencia de las dos principales potencias tecnológicas y militares deja en evidencia la tensión entre la necesidad de reglas comunes y la voluntad de mantener ventaja estratégica.

La inteligencia artificial se ha convertido en un recurso clave para el desarrollo de sistemas autónomos de vigilancia, armas inteligentes y plataformas de análisis predictivo. Su velocidad y capacidad de decisión plantean riesgos de escaladas accidentales y errores de cálculo que podrían desencadenar conflictos no deseados.

Al mismo tiempo, la falta de transparencia en los algoritmos militares genera preocupación sobre el grado de supervisión humana en operaciones críticas.

La negativa de Estados Unidos y China también envía un mensaje claro a la industria tecnológica: la inversión en IA aplicada a la defensa seguirá creciendo, lo que impulsará avances en robótica, visión computacional y sistemas autónomos.

Para las empresas del sector, esto supone un dilema ético, ya que la colaboración con proyectos militares puede chocar con los principios de responsabilidad social y confianza pública. Por otro lado, los países que sí firmaron la declaración tienen la oportunidad de posicionarse como líderes en el uso responsable de la inteligencia artificial, lo que podría fortalecer su reputación en mercados civiles y comerciales.

El debate sobre la inteligencia artificial en la guerra no es solo técnico, sino profundamente político y ético. La decisión de las grandes potencias de no adherirse a un marco común refleja la dificultad de equilibrar innovación, seguridad y responsabilidad. En este escenario, la comunidad tecnológica y los gobiernos enfrentan un desafío urgente: definir cómo se desarrollará la IA en el futuro sin que su poder desestabilice el orden internacional.

Fuente: Reuters

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